Autor: Gabii
Fecha de publicacion: Martes 11 de noviembre del 2025
Ubicado en la costa pacífica de Costa Rica, el Parque Nacional Manuel Antonio combina selva tropical, playas paradisíacas y una biodiversidad extraordinaria. Más allá de los caminos más visitados, existen senderos poco transitados y rincones de playa que conservan el silencio y la autenticidad de la naturaleza costarricense.
Aunque los recorridos principales suelen atraer a la mayoría de los visitantes, Manuel Antonio esconde caminos secundarios ideales para quienes buscan una experiencia más tranquila y cercana a la naturaleza.
Este sendero se extiende entre árboles centenarios cubiertos de musgo y lianas. A lo largo del trayecto, es posible observar monos capuchinos y perezosos descansando en las copas, además de aves tropicales que se camuflan entre el follaje. La vista desde el mirador final recompensa el esfuerzo: una panorámica completa del océano Pacífico y las islas gemelas frente a la costa.
Más exigente en pendiente, este recorrido rodea una antigua península que antes fue una isla. En su punto más alto, los visitantes pueden disfrutar de vistas de 360 grados sobre el mar y la selva, con la posibilidad de ver bandadas de pelícanos y fragatas. La vegetación cambia a medida que se avanza, mostrando un mosaico de ecosistemas costeros únicos.
Más allá de las conocidas arenas de Espadilla Sur y Manuel Antonio, existen playas más pequeñas y menos concurridas dentro del parque que ofrecen un ambiente íntimo y natural.
De acceso discreto y rodeada por formaciones rocosas, esta playa se caracteriza por su tranquilidad. Las aguas son claras y poco profundas, ideales para la observación de peces cerca de la orilla. Durante las primeras horas del día, es común ver huellas de mapaches o iguanas en la arena húmeda, testigos de la vida que se mueve cuando el parque aún despierta.
Su nombre proviene de las dos pequeñas franjas de arena que emergen o desaparecen según el nivel del mar. Son espacios perfectos para quienes buscan desconectarse del bullicio y disfrutar del sonido constante de las olas. Desde este punto también pueden observarse aves marinas y, con suerte, delfines en el horizonte.
Explorar los senderos menos transitados y las playas escondidas implica también un compromiso con la conservación.
Descubrir los senderos ocultos y las playas secretas del Parque Nacional Manuel Antonio es una forma de conectar con la esencia más pura de Puntarenas. Estos rincones, menos transitados pero igual de espectaculares, revelan la riqueza natural que hace de la región uno de los tesoros más valiosos de Costa Rica. Explorar sus caminos con respeto y curiosidad permite vivir una experiencia genuina, donde la naturaleza marca el ritmo y el silencio se convierte en parte del paisaje.